Hablar y educar sobre pérdidas gestacionales

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Cuando se trata de pérdidas gestacionales (una pérdida en cualquier etapa del embarazo, cuando el concebido no llega a sobrevivir fuera del útero), ya sean inducidas o espontáneas, la sociedad se enfrenta con un asunto complicado, ya que el tema cae en debate o se politiza casi de inmediato.

Estos dos enfoques dejan a un lado la parte psicoemocional de la persona que está experimentando la pérdida. Esta discusión se ha centrado principalmente en ideologías y agendas específicas, y se han dejado de lado consideraciones de vital importancia, como la salud mental, los derechos fundamentales y el bienestar de las mujeres que atraviesan por estas situaciones.

En este sentido, Sophia Educar para Acompañar, institución académica especializada en formar y capacitar personas que atienden a mujeres y familias en situación de pérdida gestacional, destaca la importancia de hablar y educar sobre este tema para poder ofrecer opciones de ayuda, atender esos sentimientos, elaborar el duelo y apoyar en el fortalecimiento de esas mujeres que pueden sentirse incapaces de ser madres o culpables por su maternidad fallida.

Dos consecuencias graves de sufrir una pérdida gestacional son, a nivel psicológico y de integridad física, el estrés postraumático y la muerte fetal. Y en ambos temas resulta indispensable ofrecer espacios de plática, acompañamiento y educación.

El primero, el estrés postraumático, es un estrés excepcional que se experimenta como respuesta ante un suceso traumático, ya sea al presenciar eventos de muerte o una fuerte amenaza a la seguridad vital de la persona que lo sufre. La depresión es un trastorno psicológico, una forma de expresión de dolor de causa interna o externa, que se manifiesta con síntomas, principalmente, psíquicos y somáticos​.

Respecto a la muerte fetal, cuando el concebido nace sin signos vitales a partir de la semana 22 de gestación (parámetro para México de acuerdo con el Instituto Nacional de Perinatología), el tema es sumamente sensible y de atención urgente. De acuerdo con la UNICEF, a nivel mundial casi dos millones de bebés nacen muertos cada año, lo que equivale a una muerte fetal cada 16 segundos y a una tasa global de 13.9 casos por cada mil nacimientos totales.

En este contexto, es importante retomar la afirmación de Henrietta Fore, Directora Ejecutiva de UNICEF, quien indica que “la mayoría de las muertes fetales podrían evitarse con un seguimiento de calidad, una atención prenatal adecuada y la asistencia de una partera cualificada”.

El estudio también revela que la incidencia desigual de muertes fetales entre zonas rurales y urbanas obedece a que el acceso a la atención médica, la educación materna y otros factores socioeconómicos es dispar. Tanto en los países de ingresos altos como en los de bajos ingresos se registran tasas más altas de muertes fetales en las zonas rurales que en las urbanas. En el caso de México, la tasa promedio registrada en 2019 fue de 6.8 muertes por cada mil nacimientos, y si las tendencias actuales se mantienen, se estima que para el año 2030 ocurrirán casi 12 mil muertes fetales en el país.




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