Agua y degradación de suelos agrícolas

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Al destacar que en México dos grandes prioridades para el sector agrícola son la escasez de agua y la degradación del suelo ante los afectos que generará el cambio climático en territorio nacional, investigadores y funcionarios del Inifap y de la Sagarpa, conjuntamente con empresarios, plantearon la necesidad de que la próxima administración federal dé continuidad a los estudios y propuestas de adopción de tecnologías, buenas prácticas agrícolas y uso de energías renovables en riego encaminados a optimizar costos de producción para los agricultores y, con este objetivo, fortalecer las asociaciones público-privadas.

Lo anterior se expresó en el marco de la presentación de once proyectos focalizados precisamente a evaluar los efectos del uso de insumos agroecológicos, como los biofertilizantes y otros productos orgánicos, sobre los cultivos en cuanto a regeneración de suelos, fertilidad y rendimientos, así como el uso y adopción de tecnologías digitales de fácil acceso para áreas de riego agrícola. Los cultivos que pueden beneficiarse del uso de estas tecnologías y métodos de irrigación son maíz, avena, nogal pecanero, limón persa y café, entre otros.

En las instalaciones del Centro Nacional de Investigación Disciplinaria en Relación Agua, Suelo, Planta, Atmósfera (Cenid-RASPA), el director general de Fibras Naturales y Biocombustibles de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), Jesús Arroyo García, y el director de Biofábrica Siglo XXI, Marcel Morales Ibarra, plantearon la necesidad de tener una reunión, en septiembre próximo, con el equipo de transición para el campo del nuevo gobierno federal para el periodo 2018-2024, con el objetivo de presentar los avances y resultados de los proyectos por estado, por región y por cultivo, dado que requieren darles continuidad y tener una visión de largo plazo.

En México “no podemos estar sujetos a proyectos anuales, requerimos hacer planeación multianual”, manifestó Arroyo García, quien también habló de la importancia de generar infraestructura para el campo y de aplicar técnicas de cultivos como labranza cero, labranza mínima o tecnologías a partir de microorganismos, los cuales que ayudan a regenerar el suelo.

Anotó que aun hay mucho por investigar en el campo mexicano. Por ejemplo, en Sonora se desarrollan drones para detectar enfermedades y un tema futuro es la desalinización del agua, ya que hoy es muy costosa y hay que trabajar para que sea rentable para el productor.

Raúl Gerardo Obando Rodríguez, encargado de los Asuntos del Despacho de la Dirección General del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap), manifestó que la erosión del suelo es un problema fuerte en agricultura y que la nueva administración esté pensando poner atención en este rubro, por lo que para un manejo sostenible de este recurso se debe pensar en hacer uso de la llamada agricultura inteligente, con nueva tecnologías (drones, tecnologías digitales, satélites) y modelos eficientes y accesibles al productor para tomar decisiones en materia de riego agrícola.

Marcel Morales, quien también encabeza el Movimiento Nacional de Agricultura Sustentable contra el Cambio Climático, hizo énfasis en que el sector agropecuario tiene un potencial mayor de lo que se plantea en cuanto a su contribución para mitigar los afectos del cambio climático, ya que solo con incrementar la materia orgánica del suelo en 0.04%, según expertos en la materia (iniciativa internacional 4 por 1000) se puede resolver problemas de contaminación ambiental al reducir la emisión de Bióxido de Carbono a la atmósfera, ya que con ello se incrementaría la capacidad del suelo de secuestrar y retener el carbono atmosférico .

El uso de bioinsumos, como los biofertilizantes, es una alternativa viable para reducir la emisión de gases de efecto invernadero y, a la vez, incrementar la materia orgánica del suelo, subrayó.

Durante el encuentro se informó que los once proyectos –con una inversión de 28 millones de pesos– tienen el objetivo de “optimizar los costos de producción y mitigar el impacto al medio ambiente a partir del mejoramiento productivo del suelo y agua, así como contribuir al uso eficiente y aprovechamiento de los recursos naturales asociados a la agricultura a partir de incentivos para la adopción de tecnologías y buenas prácticas agrícolas”.

Los participantes subrayaron la importancia de hacer un uso eficiente del agua en el campo y de aplicar insumos agroeocológicos -validados por los centros de investigación y que tengan fundamento legal para evaluar su calidad-, que sustituyan a los productos químicos que han provocado una severa degradación de los suelos, además de generar efectos nocivos en el medio ambiente y la salud de la población rural.