Guadalupe Rivera Marín en el Cecut

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El lleno total de la Sala Carlos Monsiváis no impidió que unas 250 personas más  disfrutarán desde el lobby, a través de una pantalla, la charla: “La vida de mi padre, Diego Rivera”, a cargo de Guadalupe Rivera Marín como parte del ciclo México a través de la cultura y esta vez en el marco del 31 aniversario del Centro Cultural Tijuana.

“Creo que mi papá siempre tuvo un sentimiento de pérdida y ausencia, un dejo de tristeza, por la muerte de su hermano gemelo, es algo que le dolió hasta el día de su muerte”, expresó  Rivera Marín ante los cientos de asistentes que escuchaban absortos.

Al presentar a la hija del muralista, el director de Cecut, Pedro Ochoa, mencionó: “Guadalupe Rivera Marín es hija de la mujer mexicana más bella de su época y de uno de los personajes que más aportó a la cultura nacional y universal, un gran personaje del siglo XX. Guadalupe Rivera es una mujer auténtica, crítica,  una verdadera luchadora social en las mejores causas de México”.

Tras agradecer las palabras de Ochoa Palacio, la escritora recordó algunas de sus visitas anteriores a esta ciudad. “Tuve la oportunidad de asistir a la inauguración de este Centro Cultural Tijuana, que es un símbolo de su renacimiento, desde ese dia tuve ligas afectivas con este lugar”.

La también ex diputada, senadora y embajadora del país y una incesante trabajadora a favor de cultura nacional hizo un recorrido por los ámbitos más destacados de la vida de Diego Rivera, su incursión en el Comunismo Mexicano, sus viajes, su labor artística de carácter internacional, su relación con el trotskismo, el reconocimiento de su obra muralista desde sus inicios impulsada por José Vasconcelos y algunos recuerdos del ámbito familiar.

“La etapa en San Francisco fue de gran dificultad entre Frida y Diego, ella hacía toda la lucha por tener un hijo, él siempre quiso tener un hijo varón, quizá para sustituir a Ángel Diego su primer hijo que murió de meningitis en París en 1917 o a su hermanito gemelo, Carlos, que murió siendo muy niño, ese sufrimiento se refleja en algunas fotos donde aparecemos mi hermana Ruth y yo vestidas como hombres”, confesó la doctora Rivera.

Por más de una hora Rivera Marín llevó al público por un recorrido lleno de anécdotas, datos, memorias y una que otra situación chusca que con apoyo de material gráfico logró mantener la atención de los presentes que con aplausos coronaron su charla y sin importar lo largo hicieron fila para llevarse la foto del recuerdo, el autógrafo o bien saludarla solamente.




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