Sombreros Tardan, donde más barato dan

1908

Ha sobrevivido a la ocupación militar estadounidense de 1847, a la guerra de Reforma de 1858, a la presencia de los soldados del imperio francés en 1864, a la Revolución Mexicana de 1910 a 1920, a la Decena Trágica de 1913, y a todas las transformaciones históricas imaginables que ha tenido el Zócalo de la capital de la nación hasta la fecha.

Así, con más de siglo y medio de existencia, la Sombrerería Tardan –que antes se llamó «El Sombrero Colorado» y «El Castor»– ha permanecido desde entonces en el antiguo portal de Mercaderes, en la Plaza de la Constitución número 7, en el centro de la Ciudad de México.

Tan larga etapa se abrió al reinaugurarse la accesoria que había cambiado de nombre dos veces, cuando, primero, fue propiedad de François Dallet, quien conoció a Charles Tardan, originario de los Pirineos franceses, mesero del café «El Cazador», llegado a México en la década de 1870 en busca de mejor vida, época en que el gobierno de Porfirio Díaz estaba por iniciar su prolongada dictadura.

Hoy, la empresa traspasada por Dallet a Charles Tardan es atendida por Luc Tardan, su sobrino nieto, ingeniero agrónomo en retiro, a su vez hijo de Pedro Tardan, de quien tomó el cargo de propietario de esa boutique –así se le dice ahora–, por la cual han desfilado personajes como Charles A. Lindbergh, el piloto aviador que cruzó por primera vez el Océano Atlántico en aeroplano en 1927, a quien el presidente Plutarco Elías Calles obsequió un sombrero de charro galoneado en oro y plata hecho por los Tardan.

Y si no todos, al menos también buena parte de los presidentes de México del pasado fueron clientes habituales, desde Porfirio Díaz –además de Francisco Villa y Emiliano Zapata–, hasta Carlos Salinas de Gortari y Felipe Calderón, quienes alguna vez compraron cachuchas en el lugar.

Renovada en su concepto –nuevamente ampliado el local que antes ocupó los números 5, 7 y 9 del legendario portal capitalino hasta la esquina de la calle 16 de Septiembre, con un almacén que llegaba a la calle de Palma– y casi cien metros de fondo, aparadores y mostradores con modelos de todo tipo, la Sombrerería Tardan fomenta una prenda cuyo uso había decaído con el cambio de las modas.

Graciela García López, con dos décadas de experiencia como ejecutiva de Ventas, antigua asistente de don Pedro Tardan –padre del actual dueño–, asegura que una visita a este lugar es suficiente para observar la diversidad de modelos y comprobar que estos accesorios están de regreso por el tipo de clientes que los adquieren.

Con el recuerdo de Augusto, Carlos y Víctor Tardan, integrantes de la generación de hermanos que dio fama al negocio a inicios del siglo XX, Graciela García dice que, ahora, se puede ver a un «hipster» desaliñado que pregunta por un sombrero Panamá.

O a una adolescente que se prueba una boina española, o a un ejecutivo en vías de comprar un sombrero Fedora de lana y moño, igual al de Elliott Ness, protagonista de la serie televisiva gangsteril de «Los Intocables».

«Para seguir vigentes, iniciamos en 2008 con la remodelación del local, además de incrementar el catálogo y capacitar a todo el personal, toda esa inversión nos generó un aumento de 50% en nuestras ventas».

El nuevo concepto de la tienda se complementó con la colaboración de Enrique Ziri, quien se encargó de diseñar las colecciones, logrando la transición de una sombrerería con modelos clásicos y nuevas tendencias de la moda internacional.

«Antes las líneas eran desarrolladas por el equipo de ventas y no había nadie especializado en diseñar, lo que hacía al producto tradicional, y ahora trabajamos por colecciones de temporada», detalla Mina Reyes, gerente del establecimiento.

Para romper el esquema que se siguió por más de una centuria, en la actualidad se diversifican los sombreros, pues estaban enfocados al sector masculino y ahora buscan mayor presencia entre el sector femenino e infantil, además de unisex.

«La idea –dice Mina– es despertar el gusto por el sombrero entre los jóvenes, y que compren un producto de acuerdo con su estilo y edad, por lo que, en ocasiones, los nietos vienen acompañados de sus padres o abuelos y tienen la opción de escoger lo que les agrade».

Hay modelos de playa, reversibles en telas de microfibras, cachuchas de lino o lana con seda, todo en colores cálidos que gustan al consumidor latinoamericano y llaman la atención de americanos y europeos.

Mina Reyes refirió que se está generando una nueva revolución en el uso de estos artículos, a partir de los estereotipos que han generado Madonna o Michael Jackson.

«No hay duda de que hay un auge entre los jóvenes», dice la señora García, «porque las modas van y vienen», y no fue sino hasta 2010 que eso comenzó a repuntar, revitalizando el estilo del pasado, como muestran los anuncios que posee Luc Tardan, entre ellos uno titulado «Fieltros Novedad».

Este menciona los modelos Mossant, Borsalino, Stetson, Vicuña y Lock, de origen francés, italiano, estadounidense y británico, anteriores a 1940, y Luc Tardan –antes dedicado al cultivo y exportación de flores– tomó la dirección, realizó cambios en la línea de productos al introducir nuevos modelos y telas mencionados, y en la administración
Modificó totalmente el lugar en 2008, convirtiéndolo en una amplia boutique con grandes vitrinas para lucir los modelos más finos que se puedan encontrar, incluidos los Indiana Jones y los Cocodrilo Dundee australianos, favoritos de la actriz Lucero en alguna de sus telenovelas.

En la entrada se abrió una cafetería y, en menos de diez años, el sitio tomó un aspecto Vintage, a la antigua, para mostrar que Tardan se ha mantenido en el mercado por más de cien años bajo esa marca, no obstante las crisis económicas y las tentativas de abrir locales en otras partes del país.

«Ahora solamente hay uno, en León, Guanajuato, pero con distribución en las mayores tiendas departamentales del país», añade Graciela García, mientras Jorge Israel González Vergara, maestro sombrerero, responsable del área de costura, lavado, planchado y mantenimiento de las prendas que él arregla por encargo, dice que siempre se utilizan productos de gran calidad.

«Se trata de lana, seda, fieltros y pelo de conejo importados de Francia, porque nos relacionamos con proveedores del más alto nivel», asegura, y por esa razón el precio de los sombreros varía, como los modelos Montana que usan los cantantes y músicos gruperos, que cuestan arriba de cinco mil pesos, de piel de liebre y castor, a los cuales pone forros, tafiletes y toquillas al gusto de los compradores, a quienes solamente desea dejar satisfechos.

Adquirida la totalidad de acciones de la tienda por los hermanos Tardan en 1899, la marca se registró en 1901, cuando Carlos trajo a México su gusto por las prendas europeas –Porfirio Díaz era un afrancesado total–, investigó el mercado, montó una fábrica e importó una prenda obligada en aquella época.

El porfiriato fue el periodo más próspero de la tienda y, aunque el sombrero casi desapareció a mediados de la década de 1950, ahora se ven muchas personas utilizándolo, coinciden Jorge González y Graciela García.

Cuentan que, entre los diseños que más piden los clientes, además de los Fedora y Montana, están los de palmilla elaborados por tejedores de Ecuador, y el bombín, puesto de moda por Joaquín Sabina, cantautor español.

«Es evidente porque se registran más ventas, pues en los últimos años la tendencia es a la alza», aseguran con optimismo los colaboradores de Luc Tardan, y la demanda, agregan, va a seguir subiendo porque es el único accesorio que tiene ventajas para el consumidor.

El sombrero protege del sol o de la lluvia, y además el aspecto de la persona cambia como ocurrió en la serie «El hotel de los secretos», para la que se adquirió en esta sombrerería un lote de artículos de época para Diana Bracho, Daniela Romo, Irene Azuela, Dominika Paleta, Carlos Rivera, Jesús Ochoa y otros protagonistas.

Con esa diversificación, el famoso anuncio inventado por el locutor Pedro de Lille que decía «De Sonora a Yucatán se usan sombreros Tardan» sigue vigente, afirma Graciela García al referirse a un accesorio que, reitera, hace lucir, protege del clima y hasta cambia la identidad.

Capaz de cambiar como un mago la forma y el estilo, sobre una parrilla plana caliente, con una plancha de madera e instrumentos de otros tiempos, Jorge Israel González muestra cómo modifica el sombrero de Francisco Vanegas Díaz, médico michoacano que visita la tienda y taller desde hace años.

Mientras, a la expectativa y mirándolo laborar, el cliente moreliano espera a que Jorge termine de remozar el sombrero color tabaco que compró en Tardan hace un tiempo, impaciente por lucirlo al caminar por el portal de Mercadores, y luego perderse entre la multitud que atraviesa el Zócalo bajo el sol intenso del fin de verano capitalino.

Texto: Luis Alberto García.