Barceló Karmina y el chef Armando Cázares

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Hablar de comida es hablar de recuerdos, aquellos que se han registrado a lo largo de la vida a través de los sabores y aromas. Comer es un ritual que lleva por un recorrido sensorial repleto de imágenes vivas alrededor de la familia y amigos, en donde historias se han tejido alrededor de una olla y el fogón.

La comida es algo que reconforta los corazones, conquista paladares y seduce a los quisquillosos, es por ello que aquellos que tienen la habilidad y la pasión de dedicarse a la cocina merecen dar a conocer sus historias.

Con 35 años de experiencia en la cocina de grandes hoteles y restaurantes, Armando Cázares, originario de la Ciudad de México, se enorgullece al recordar cómo fue que se inició y pulió en el mundo de la gastronomía de la mano de su padre y mentor, el chef Pedro Cázares Fonseca, y quien comenzaría a percibir a la alta cocina como un arte, en el cual en muchas ocasiones es necesario dejar una que otra lágrima durante el proceso de aprender grandes secretos.

Si bien durante sus inicios formó parte de las cocinas del Hotel Camino Real que eran consideradas como una escuela de la época, Armando agradece y valora el esfuerzo de su padre por convertirlo en lo que es hoy, toda la pasión y entrega que pone en cada uno de sus platillos son el resultado de horas y horas de disciplina en búsqueda de la perfección.

Armando recuerda con cariño la época “bonita” de la gastronomía, aquella donde la presentación y el montaje de las mesas era algo sagrado, el uso de la platería, patillaje y caramelos, muchas cosas que hoy por hoy ya no se realizan al 100% como parte de la evolución.

Este chef se considera un apasionado de la cocina francesa, mexicana e italiana, sin embargo, considera que la capacitación constante es lo que proporciona las herramientas a cada chef para convertir a sus platillos en obras de arte y en sus palabras “una vez que dominas las bases de la cocina, te dará la oportunidad de crear platillos únicos e inigualables”.

Si bien el chef Cázares siente una debilidad por la comida francesa y en específico del entrecot en salsa de vino tinto, no puede dejar de lado su fascinación por el mole mexicano, un platillo que desde su punto de vista no puede ser comparado con ningún otro en el mundo, ya que este tipo de salsa, que conjunta una gran cantidad de aromas, texturas y sabores; además de la tradición y la cultura, es un festín para los paladares más exigentes.

Sin duda alguna, la tradición, la disciplina y el amor por la comida han llevado a que Armando Cázares se convierta en el chef perfeccionista y apasionado que es hoy, colocándose al frente de cocinas de renombre como la de Zacerac, restaurante de comida francesa; Calipso del hotel Camino Real, además de las cocinas del  Hyatt, Obvni hotels y Xcaret; de igual forma en algunos internacionales como el restaurante Maxims en el Hotel Presidente de la Ciudad de México.

A la fecha, se puede degustar sus creaciones en el restaurante de especialidades Agave de Barceló Karmina, en Manzanillo, Colima, en donde ha colocado su sello personal en cada uno de los platillos.




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