China: Ruta de la Seda (III)

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Protagonista de la más bella de las historias originadas en la China legendaria mediante la tradición oral, Lei Zu, esposa del emperador Shi Wang Ti, dedicaba tardes enteras a desenredar hilos de seda y, al parecer –se cuenta– descubrió por accidente el modo de manejarlos manualmente, de forma tal que elaboró un ovillo de regulares dimensiones.

La leyenda también narra que Lei Zu estaba bebiendo té a la sombra de una planta de morera sembrada en el jardín del palacio de Xi ´an, cuando un capullo cayó dentro de su taza y, en vez de sacarlo, se puso a jugar con él y descubrió que se podía tirar del hilo hasta desenrollarlo por completo.

Fue por ello que, desde el siglo III aC, en tiempos tan remotos, la producción quedó en manos de las damas de la corte y de sus doncellas en Chang´an (como también se llama a Xi´an), cuya importancia quedó demostrada al encontrarse en esa ciudad más de seis mil esculturas de guerreros de terracota de tamaño natural, descubiertos en su totalidad en 1974.

Las mujeres emparentadas con la nobleza se encargaron de los tejidos de seda natural, a quienes se obligó a guardar el secreto, ya que divulgarlo podía ser castigado con la pena de muerte por decapitación, además de que los chinos lograron obtener a partir de la seda el papel, otro objeto de su invención considerado un lujo

“Ruta de la Seda”, expresión poética de apenas cuatro palabras, desde esa era empezó a ser referente de las vías que conectaban a los extremos del mundo antiguo, inevitablemente creadas pese a las dificultades increíbles existentes y a las inmensas distancias que separaban unas de otras a sus poblaciones más relevantes, sin que los comerciantes recorrieran el trayecto completo, sino únicamente ciertos trechos.

En las paradas y en los oasis –cuando había que atravesar los desiertos– intercambiaban los más diversos productos, iniciándose la caminata en Xi´an o Chang´an, la capital de China con un millón de habitantes, situada a ocho mil kilómetros de Bizancio, principal centro comercial en aquellas épocas tan lejanas en el tiempo y en la distancia que, sin duda, la hacían la gran ciudad china del Lejano Oriente.

Después de Chang´an seguía el corredor de Hexi y se llegaba al oasis de Dunhhuang en las estribaciones del desierto de Taklamakan, optando por el norte –pasando por Turfan (Turpan o Tulupan) y llegar a Kashgar a los pies de la cordillera del Pamir, o por el sur bordeando el Kotan y también acabar en Kashgar.

El gran camino seguía por el Asia Central cruzando las estepas hasta Ctesifonte, la capital de los partos –al norte del Irán actual– y, a través de Palmira, en el desierto de Siria, las rutas comerciales milagrosamente alcanzaban el Mar Mediterráneo hasta Roma y poblaciones del sur de la península itálica.

Hasta esas tierras y litorales llegaban los comerciantes orientales con infinidad de productos exóticos –incluidos animales nunca antes vistos– por sendas terrestres y marítimas, llevando de regreso a China cosas tan extrañas como el vidrio.

Así, de China a Europa, es decir, de Chang´an a Roma y de regreso, la Ruta de la Seda fue el sendero más sorprendente, largo e históricamente más importante del mundo, surgido hace miles de años, cuando esa actividad comenzó.

Se descubrió que el transporte de productos era rentable y que ése y otros productos provenientes del Oriente Lejano eran algunos de los principales y más valiosos artículos negociables e intercambiables.

A través del comercio y los viajes a lo largo de un camino cuyo trazo data de tiempos inmemoriales, las culturas se desarrollaron en todos los territorios de Eurasia a escala económica y tecnológica, acompañadas de las religiones e ideas que se extendieron hacia el este y el oeste.

En la antigua China, los imperios fundados por las dinastías Han, Tang y Yuan prosperaron debido al comercio; pero durante otras épocas, éste se detuvo por varias razones. ¿Por qué comenzó entonces el comercio en lo que se iba a llamar la Ruta de la Seda?

Buena parte de los inmensos territorios de lo que hoy son China y Mongolia estaba lejos y aislada de las civilizaciones de Occidente, separadas en el sur por la cordillera de Karakorum, en la que se alzan las montañas más altas del mundo, algunos de los desiertos más extensos, inhóspitos, temibles y severos, que obligaban a recorrer largas distancias.

Al paso de los siglos, los caminantes nómadas se convirtieron en comerciantes; sin embargo, las dinastías Shang (1600–1046 aC), Zhou y Han dominaron desde Chang´an la producción de varios tipos de objetos que eran importantes y únicos, como la seda, la porcelana y el papel, sumamente apreciados en Occidente.

Pero para llegar al oeste solamente había dos rutas terrestres, los viajes por mar todavía eran demasiado riesgosos y primitivos, y una ruta terrestre pasó por el  corredor de Gansu que se extendió hacia el oeste hasta Xinjiang, y luego se dividió en varias trayectorias.

Aunque parezca increíble, se le llamó la Ruta de la Seda hasta 1870, cuando el explorador alemán Ferdinand von Richtofen le dio esa denominación; la otra sería la Ruta del Té, y la tercera de los Caballos, que comenzaba desde Yunnan y Sichuan cruzando el Tíbet.

Y de sobra está el decir que productos como la seda eran valiosísimos para los habitantes del Asia Central y de otros tan lejanos como los pobladores de Europa, así fuese en sus límites con el continente asiático, en las actuales naciones que hoy abarcan Georgia, Ucrania y otras más.

En un primitivo trueque, intercambiaban y pagaban con metales preciosos, pieles de animales y algunos de sus propios productos manufacturados, como artículos de lana, alfombras y de vidrio que eran apreciados en el Lejano Oriente.

Los chinos no se preocuparon de comerciar la seda fuera de sus territorios hasta que las circunstancias geográficas, económicas y políticas los obligaron a hacerlo, cuando un pueblo de la periferia, los xiongnu, empezó a realizar incursiones frecuentes de guerra y de saqueo entre las poblaciones que vivían entre Chang´an y Beijing, futura capital imperial.

¿Qué se negoció a partir de entonces en la Ruta de la Seda de China y por qué eso ocurrió entre los años 5000 y 3000 aC? La historia es larga y llena de hechos que asombrarían, como se muestra con testimonios del más diverso orden y origen, algunos sobrehumanos; pero reales.

Es cuando aparecen las raíces prehistóricas de lo que, a partir del siglo XIX de la era cristiana, sería llamada la Ruta de la Seda que, en otros términos y a tantísimas centurias de distancia, continúa hasta nuestros días.

Texto: Luis Alberto García / Beijing, China