China: Ruta de la Seda (II)

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Antes de la era cristiana, los mercaderes nómadas, súbditos de la dinastía Han, ya recorrían caminos por desiertos, cordilleras y altiplanicies que, desde Xi ´an, capital del imperio lejano  atravesaban el Asia Central en caminatas incesantes y casi eternas.

En sus afanes aventureros, entre la curiosidad y el miedo, esos personajes llegaron a las costas del Mar Mediterráneo, deteniéndose por etapas en ciudades esplendorosas y activas como Samarcanda, Isafahan, Babilonia, Ctesifonte, Palmira, Damasco y Antioquía.

A lomo de asno, caballo, mula y especialmente de dromedarios bactrianos y camellos de los desiertos, transportaban la seda –entre otras mercancías–, que daría nombre a la ruta y también transmitían una cultura única y conocimientos valiosos de los que China era precursora.

Las especies, textiles, animales, maderas, semillas, esencias, medicamentos y otros productos que durante siglos viajaron de este a oeste y de norte a sur, se negociaron, se compraron, se vendieron e intercambiaron mediante formas ingeniosas de pago.

Sin embargo, las rutas se fueron transformando y hasta borrando, sustituidas por carreteras y autopistas, vías para trenes de alta velocidad, barcos y oleoductos que, de alguna manera, reproducen los viejos senderos y caminos de la mitificada Ruta de la Seda.

El primer explorador

Aunque las rutas chinas hacia el oeste se fueron trazando a lo largo de los siglos anteriores a la era cristiana, fue el general Zhang Qian (164 -104 aC) a quien se reconoce como el padre de la histórica Ruta de la Seda.

También se le considera un héroe nacional a quien se erigió una estatua en años recientes, colocada en una plaza de Xi ´an: era un militar apuesto, un diplomático inteligente y un explorador temerario que documentó, trazó y abrió caminos hacia los territorios occidentales para esplendor del imperio de la dinastía Han.

A lo largo de una odisea de solamente unos años, estableció contactos con pobladores de la costa oriental de África, y llegó a sitios avanzados de la cultura griega a través de los actuales territorios de Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Afganistán en el Asia Central, y de Partia, el actual Irán.

La ruta se abre al mar (399 dC). EL monje Xiang Zang llegó al valle del río Indo y posteriormente al Ganges por las rutas montañosas de la cordillera de Karakorum, y después de años de peregrinar por el interior de la India regresó a China en barco procedente de las costas de Ceilán y Bengala, en un periplo considerado la simiente y el embrión de la ruta marítima de la seda.

El imperio mongol. La paz de los mongoles que impuso Gengis Kan (1162-1227), luego su nieto Kublai Kan y al último su bisnieto Jingim, garantizó el tránsito de las mercancías chinas, especialmente de los apreciados hilados de la seda, a lo largo y ancho de un imperio que, a la desaparición de esos conquistadores mongoles y sus hordas indómitas, se extendía desde China hasta tierras del Cáucaso, los montes Urales y el Mar Negro, al sur de Rusia y norte de Turquía.

“El Libro de las Maravillas” y Marco Polo. En 1298 aparecieron las primeras copias de “Le Devissament du Monde” –nombre original de El Libro de las Maravillas y de II Milione–, que compilaban las crónicas de viaje de Maffeo y Marco Polo (1254-1324).

El manuscrito transcribe las experiencias, vicisitudes y leyendas recogidas a lo largo de los distintos periplos recorridos durante 26 años por el explorador y comerciante veneciano y su hermano, que llegaron hasta Xi ´an y la actual Beijing, por las rutas del Asia Central.

El libro también es una importante fuente cartográfica de la llamada Vía Mongola de la Seda y de las Especias y una notable referencia para descubridores de la valentía y osadía del portugués Vasco de Gama y del genovés Cristóbal Colón en los siglos XV y XVI.

La expansión marítima.  Durante treinta años de la primera mitad del siglo XV, Zheng He (1371-1433), otro militar intrépido como Zhang Qian , explorador del siglo II dC, navegante y diplomático organizó siete viajes de reconocimiento y conquista.

Esas expediciones fueron patrocinadas por la dinastía Ming, creando las bases y estructuras de la ruta marítima de la seda al tomar como punto de partida el puerto de Guangzhou, el Cantón de los occidentales.

La impresionante flota de Zheng He, cuya existencia no consigna la historia universal, llegó a las costas del golfo Pérsico, el Mar Rojo y al puerto de Malindi (hoy Kenia), bordeando el subcontinente indio sin desembarcar, tal vez perdiéndose la posibilidad de nuevos descubrimientos.

Viró hacia el sudeste para tocar las costas de la actual Indonesia a través del estrecho de Malaca, en una de las primeras expediciones integradas por cientos de barcos, 62 de los cuales sirvieron como transporte de mercancías, con unos 500 tripulantes cada uno.

Expediciones modernas. El geógrafo y explorador alemán Ferdinand Freiherr von Richtofen acuñó la expresión “Ruta de la Seda”, que había alcanzado su máxima expansión un siglo antes, durante los casi setenta años del mandato del emperador manchú Qianlong (1711-1799).

El científico europeo fue el más brillante de los sabios extranjeros interesados y cautivados por las riquezas arqueológicas, culturales y geográficas que ofrecía el territorio entonces llamado Turkestán oriental.

Socialismo capitalista: un país, dos sistemas. El XIII Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh) sancionó oficialmente la construcción de un socialismo de características nacionales y trazó la estrategia para un desarrollo económico hasta completar la modernización del país.

Aunque con cargos de segundo rango en la estructura del PCCh, Deng Xiaoping fue el líder visionario y carismático de la organización y de las reformas capitalistas instrumentadas en China a fines del siglo XX, paradójicamente sin abandonar el ideario maoísta, creando el lema “Un país, dos sistemas”.

Las autopistas. En julio de 2005 entró en vigor el International Agreement of the Asian Highway Network, un acuerdo incluye, clasifica y define los sistemas de todas la autopistas y vías rápidas de una red total de 141,000 kilómetros y la nueva Autopista Asiática, con una longitud de 16 mil kilómetros, gran parte recorriendo el interior de la China continental.

Los ferrocarriles. En junio de 2011 entró en funcionamiento la línea de alta velocidad entre Beijing y Shanghai, de mil 318 kilómetros, convertida en una de las piezas fundamentales del acuerdo de la red Transasiática de Ferrocarriles, firmado en Busan, Corea, en 2006 por setenta países de la Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia y el Pacífico (UNESCAP), como un colosal complemento de la Ruta de la Seda, entre cuyos objetivos figura la construcción de 117 mil kilómetros de vías férreas y la conexión entre puertos chinos y europeos.

Texto: Luis Alberto García / Beijing, China