China: Ruta de la Seda (I)

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Xi ´an o Chang´an tiene no solamente el orgullo de ser la ciudad desde la cual los emperadores de distintas dinastías gobernaron a la antigua China, sino también el haber sido, en el siglo III aC, el punto de partida de la Ruta de la Seda y el lugar de descanso eterno de uno de sus monarcas, sepultado y al cuidado de seis mil de sus guerreros.

Lo más digno de verse en Xi´an es, sin duda, el ejército de soldados de terracota del emperador Shi Huang Ti, situado a escasos kilómetros al oriente de la población, al pie del monte Lishan, en el distrito de Lintong.

Fue descubierto el 15 de abril de 1974 por campesinos que cavaban la tierra y se toparon con unas figuras de hombres y caballos de tamaño natural, desde entonces sometidos a un proceso de reconstrucción y restauración, solamente expuestas algunas de ellas para conocimiento de los visitantes en una sala especial, a la entrada del lugar de las excavaciones.

Los militares están en posición de batalla en once corredores, llevan lanzas, espadas y miden entre 1.80 y 1.90 de estatura, con rasgos faciales personalizados, sin que haya un rostro igual al otro, cuya única similitud son los ojos rasgados en cada uno de ellos.

En el mausoleo –que el emperador Huang Ti mandó construir al ascender al trono de la dinastía Qui cuando tenía trece años de edad– trabajaron centenares de miles de personas, algunas voluntariamente y otras por la fuerza, al tratarse de enemigos políticos del imperio, como ocurrió con aquellos que participaron en la edificación de la Gran Muralla.

En los vestigios de Xi´an laboraron centenares de miles de hombres y mujeres durante 36 años –el tiempo que tardó en construirse esa maravilla escultórica– en un subterráneo sólidamente protegido por columnas, muros y un techo de madera, sin que se pueda explicar la razón de su resistencia y duración.

Después de la muerte del emperador en el año 206 aC, la necrópolis imperial fue saqueada y destruida por campesinos sublevados, hartos de la situación catastrófica de hambre, miseria y explotación a que fueron sometidos por los sucesores de Shi Wang Ti.

En la sala central hay una maqueta del conjunto funerario, y se exhiben videos sobre las excavaciones hechas a lo largo de casi medio siglo: en uno de los edificios naturales se pueden observar figuras de terracota y armas auténticas perfectamente cuidadas y conservadas, en tanto en otra parte se muestra un carro de guerra de bronce, además de jinetes de la misma época.

A veinte metros de la tumba, en 1980 fue descubierto otro carruaje, desde el cual –suponen los arqueólogos– el emperador pasaba revista a sus tropas y emprendía viajes de inspección para supervisar que los ejércitos estuviesen preparados en caso de conflicto o para sofocar sublevaciones, que eran frecuentes.

El túmulo principal de Xi ´an jamás ha sido abierto, al contrario de lo que se hizo en las tumbas ceremoniales del rey Pakal, sepultado al fondo de la Pirámide de las Inscripciones en Palenque, Chiapas, al sureste de México, y del faraón Ramsés II, enterrado en Luxor, Egipto,  descubierto en 1922, ambos sepulcros profanados en nombre de la ciencia y de la antropología física.

A un kilómetro y medio –al oeste del lugar y sin que por prohibición gubernamental se haya explorado–, a través de rayos infrarrojos se descubrió que bajo un túmulo funerario de casi cincuenta metros de altura hay un conjunto suntuoso que representa a escala el territorio chino de entonces en su totalidad.

El firmamento está montado con piedras preciosas y los ríos con mercurio líquido, manteniendo un movimiento constante, como se transmite en las crónicas, y se si quiere abrir todo el conjunto funerario se tendrían que trasladar doce pueblos y siete fábricas de los alrededores, ya que habría que excavar en una superficie de 50 kilómetros cuadrados; pero la entrada de la tumba no ha sido encontrada.

Parece ser que, por órdenes del emperador, todos los trabajadores y vigilantes quedaron encerrados, debido a que Shi Wang Ti era tan suspersticioso que, lleno de miedo, quiso edificar ese conjunto para fingir; pero que en realidad está enterrado en otra parte, tal vez en las antes desoladas termas de Huaqing, conocidas hace tres mil años.

Esa parte de Xi´an tiene cerca de medio millón de habitantes, pocos para una nación como la República Popular China, de nueve millones y medio de kilómetros de superficie –superada solamente por Rusia, Canadá y Estados Unidos–, ocupada por la asombrosa cantidad de un millón 400 seres humanos

El primer censo realizado y ordenado en China por la dinastía Tang está fechado en el año 742, cuando se contabilizaron 51 millones de pobladores; elevándose a 100 millones antes de la invasión mongola de 1250; pasar a 111 millones en 1662; llegar a 400 millones de 1850; y tener una explosión demográfica que rebasó los 580 millones en 1953, al consolidarse el régimen maoísta posterior al triunfo revolucionario del 1 de octubre de 1949.

Ocupando el 7% de la superficie agrícola del planeta, en el viaje de vuelta a una ciudad sembrada de arroz en sus alrededores, fundada por la dinastía Qin, hay que visitar el centro de excavaciones neolíticas de Bampo, a diez kilómetros de Xi ´an o Chan ´an.

Tampoco debe dejar de conocerse el museo de sitio que exhibe piezas de cerámica de la cultura yagshan, de la que descienden los pobladores del centro de China, cuyos orígenes no se precisan de tan antiguos que son, sin fecha ni acta de nacimiento.

Texto: Luis Alberto García / Beijing, China