Arte, historia y naturaleza en Oaxaca

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De  Teotitlán del Valle y San Bartolo Coyotepec a San Martín Tilcajete y Hierve el Agua –en un itinerario que también incluye a Santa María del Tule y Mitla-, hay que gozar de la presencia del arte y la naturaleza en todo su esplendor, como alternativas turísticas completas e interesantes para quienes buscan conocer lo más genuino de México en un viaje sin límites por los entornos de la bellísima capital de Oaxaca.

Desde el valle de México hasta el Istmo de Tehuantepec, del Golfo de México al Océano Pacífico, se extienden territorios que tienen a Oaxaca como epicentro de historias cuyos paisajes milenarios forman parte de los pasos que hemos seguido los viajeros que, gracias a Hoteles Misión, disfrutamos como protagonistas de ellas, en el marco del arte de su hospitalidad.

Esa huella queda en la fisonomía de los pueblos indígenas, en las culturas originarias que tienen en Oaxaca la mayor emergencia de grupos étnicos y lenguas mesoamericanas concentradas en una región sin igual por sus costumbres, artesanías, rituales, música, fiestas, gastronomía y otras experiencias culturales en ese territorio que, con toda razón, el escritor y maestro Fernando Benítez –quien supo dar profundidad y valor a la saga de nuestros indios- llamó el país de las nubes.

El arribo al Hotel Misión en las estribaciones de San Felipe del Agua, en el valle donde se asienta la antigua Antequera –hoy capital del estado- no podía ser mejor con la bienvenida gastronómica de Francisco Árciga, director de ese espacio magnífico que permite relajarnos integralmente con sólo mirarlo, a manera de balcón panorámico hacia la ciudad, quien dispuso una muestra de moles que fue excelencia pura.

 

Pollo con mole negro, coloradito, chichilo, verde, amarillo o manchamanteles, además de chapulines dorados, empanadas y quesadillas, cecina y quesillo, que deben ir bien acompañados de mezcal y su respectiva rebanada de naranja con chile piquín o, para los abstemios, una nieve de garrafa.

El menú de Misión Oaxaca no se agota si de postres o bebidas dulces se trata: tejate de maíz y cacao, plátanos endulzados, nieve de pétalos de rosa o de tuna roja con leche quemada, como en el mercado o en el carrito del nevero de la esquina de cualquier plaza de la ciudad capital.

Capital de cantera verde

Oaxaca hipnotiza por su belleza y arraigo étnico, cabecera de los Valles Centrales, zona culturalmente variada con maravillas infinitamente antiguas como los vestigios de Monte Albán y Mitla y escenarios naturales que también deben visitarse.

La puerta grande para adentrarse en ella es el ex convento de Santo Domingo, construcción que data de mediados del siglo XVI, en cuya planta alta se ubica el Museo de las Culturas de Oaxaca, que expone la historia del estado a lo largo de numerosas salas permanentes y temáticas que muestran piezas arqueológicas y detalles relacionados con las culturas mixtecas y zapotecas que, durante siglos, dominaron estos parajes de leyenda.

Sigue la capilla del Rosario y su cúpula gallonada descansando sobre un tambor octagonal y sus nichos de columnas salomónicas decoradas en baño de oro que, resplandecientemente, causan admiración en el techo por sus 24 pinturas de santos, rematadas con un óleo de la virgen dentro del templo de Santo Domingo.

De sencillez extrema –igual que la basílica de la Virgen de la Soledad-, la catedral de Oaxaca tiene una hermosa fachada principal barroca del siglo XVII, con nichos, marcos, relieves florales y esculturas, entre las que destacan las de San Pedro y San Pablo.

El poeta chileno Pablo Neruda dijo con sabiduría que –además de todo México representado en sus paliacates de colores-, de Oaxaca se quedaba de por vida con la historia y la cultura que se respira por sus calles, y por supuesto con las delicias que hay en sus mercados.

Para probar los más genuinos y verdaderos sabores de esta tierra –no sin antes atravesar a pie la plaza principal con su algarabía y el Palacio de Gobierno de cantera verde como todos los edificios del centro histórico-, es imprescindible recorrer pacientemente el mercado 20 de noviembre para admirar y adquirir tejidos, bordados deslumbrantes, sombreros de palma o de fieltro negro, sin dejar de perdonar una probada a la incomparable gastronomía lugareña.

Tlayudas, tasajo, pan dulce de pueblo, chocolate negro, salsas de gusano de maguey y de chicatanas, quesillo y memelas con asiento, además de la infinita variedad de antojos, son especialidades que aparecen en las grandes festividades anuales, como la Guelaguetza, las fiestas de El Tule, la Noche de Rábanos y las Calendas de fin de año.

El reposo a un periplo como el reseñado lo encontramos por la noche en cualquier restaurante o cafetería del corredor cultural de la calle de Macedonio Alcalá o en los portales del Zócalo, en lugares plácidos y gratos en los que, además de buena comida y bebida, si se desea se puede escuchar música, bailar y compartir alegrías sin parar.

A esto se suman las incontables poblaciones que, como destinos turístico-culturales, se integran a un paseo que empieza en Teotitlán del Valle, donde el arte y el color se dan la mano en el salón de exposiciones y taller de tejidos de la familia Pérez Mendoza del callejón de Centenario 27.

Con Bulmaro al frente de ese oficio que abarca siete generaciones, la empresa familiar ha sido reconocida nacional e internacionalmente por la calidad de sus creaciones textiles de alfombras y sarapes, hilados y carpetas coloridas.

Esos artesanos comparten su fama con la fábrica de floreros, ollas, imágenes, símbolos y otras figuras de barro negro de doña Rosa Nieto –hoy representada por su hijo Valente-, en San Bartolo Coyotepec, ejemplo de la persistencia y presencia de una tradición indígena prehispánica de siglos.

En los portales que bordean el enorme patio de la factoría, encontramos la mayor colección de piezas imaginable que, sin duda, refleja los variados niveles de ejecución, técnica e interpretación de objetos de alfarería hechos a mano, a partir de arcilla negra ceremonial y ornamental, adquiridos por coleccionistas que los han llevado más allá de las fronteras nacionales.

En el mismo plano de prestigio debe situarse a los alebrijes de San Martín Tilcajete, que no son sino jaguares, ángeles, armadillos, reptiles, peces, creaciones místicas y seres esperpénticos surgidos de la imaginación de Jacobo y María Ángeles, pintados y elaborados en todos los tamaños con maderas finas en esa comunidad artesanal asentada treinta kilómetros al sur de Oaxaca.

Naturaleza e historia

Si se combina naturaleza con historia, hay que determinar las rutas: una es hacia Hierve el Agua, donde un conjunto telúrico de cascadas petrificadas aparece en medio del verdor de un valle que debe ser contemplado en toda su grandeza, desde las alturas de esos escurrimientos acuosos carbonatados, que se convierten en balneario natural insólito y perpetuo.

Ese lugar prodigioso –al oriente de Mitla, por la carretera federal 190- consiste en un conjunto de manantiales no termales arriba de los acantilados que, debido a su composición mineral, labraron las rocas hace miles de años, aún antes de la aparición del ahuehuete de Santa María del Tule.

La principal atracción de ese poblado, a escasos once kilómetros al sur de la capital del estado, es el majestuoso y antiquísimo árbol de veinte siglos de edad que supera los cincuenta metros de altura y otros tantos de circunferencia, vigilado por un diminuto templo donde se venera a la virgen madre del Señor de la Purísima Sangre.

A su vez, la ruta histórica nos encamina a Mitla, que vio sus grandes días durante el periodo Clásico mesoamericano -del año 100 al 650 d.C.-, a la caída de Monte Albán y, aunque fue capital zapoteca, recibió una influencia mixteca inevitable que se ve en una belleza arquitectónica múltiple, fusionada a través del tiempo con la cercanía de los edificios y la iglesia colonial del poblado.

La zona contiene cinco conjuntos arquitectónicos mayores, conformados por edificios dispuestos en patios, en conjuntos considerados entre las máximas creaciones de la arquitectura prehispánica, y su punto de mayor interés son las tumbas cruciformes –el Mixclán, que se traduce como “lugar de los muertos”-, decorados con grecas donde eran colocados los cuerpos de los miembros de la nobleza.

Son impresionantes los patios, el salón de las seis columnas monolíticas y, sobre todo, la simetría de las grecas sobre piedra que decoran tableros y recintos excepcionalmente bellos, cuya delicada ornamentación es el mayor atractivo de Mitla, distinguida como la zona estéticamente mejor conservada del antiguo imperio zapoteco.

En suma, en Oaxaca aparecieron antiguas culturas, deidades, joyas arquitectónicas magistrales, fiestas y tradiciones ancestrales y  otros ingredientes que integran el sendero de las emociones y el esparcimiento, que nos permiten ser testigos de la riqueza inagotable del México antiguo que los dioses del pasado escogieron para vivir.

Hotel Misión Oaxaca

Se localiza a corta distancia del centro histórico, a un costado del cerro del Fortín en el fraccionamiento de San Felipe del Agua.

  • Tiene 192 habitaciones
  • Ocho salones para eventos.
  • Alberca.
  • Restaurante con terraza panorámica.
  • Áreas verdes, estacionamiento e internet inalámbrico.
  • Se ubica en avenida Jalisco No. 15 / Código Postal Oaxaca, Oaxaca.
  • Teléfono 01 951 520 00 50.
  • Reservaciones desde la Ciudad de México: 52 09 17 00. (Sin costo al  01 800 900 3800).

Texto: Luis Alberto García




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