Homenaje a Jaime Sabines en el Palacio de Bellas Artes

1848

A 90 años de su natalicio, el poeta Jaime Sabines  (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 25 de marzo, 1926 – Ciudad de México; 19 de marzo, 1999) será recordado en un homenaje organizado por la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes, este martes 29 e marzo a las 19 horas.

Jaime Sabines Gutiérrez  fue hijo de Julio Sabines, quien llegó de Líbano a  América siendo un niño. En México logró ingresar al Ejército y en 1914 ya tenía el rango de mayor. Su madre, Luz Gutiérrez, formó parte de la aristocracia chiapaneca, que años después perdió todo con la Revolución. Jaime tuvo dos hermanos, Juan y Jorge. Su infancia y adolescencia transcurrieron en la provincia de Chiapas.

Muchas noches de su niñez, su padre solía contarle a él y sus hermanos las historias que su memoria había conservado de Las mil y una noches. Años después, el poeta reconocería en aquella tradición oral su primer contacto con la literatura.

“¿Nací poeta? Esto no tiene más respuesta que sí”, reconoció en algún momento Jaime Sabines.

Su interés por la poesía sucedió desde temprana edad: de niño su madre le hacía recitar poemas. Sabía de memoria El declamador sin maestro. En la secundaria se convirtió en el orador oficial. A los 17 años comenzó a escribir  versos, que no publicó sino hasta los 23 años cuando supo que tenía una voz propia. En 1945 viajó a la Ciudad de México para  estudiar medicina, en ese tiempo de soledad pudo leer y escribir desesperadamente.

Solía decir que en esos años de sufrimiento y soledad se hizo poeta.  En 1949 se cambió de la Facultad de Medicina a la Facultad de Filosofía y Letras para estudiar lengua y literatura castellana, en el legendario edificio de Mascarones. En ese tiempo escribió Los amorosos, uno de sus poemas más conocidos que aparece en Horal  publicado en 1950. En 1951 publicó La señal, y escribió Adán y Eva, su primer poema largo que sería publicado 11 años después.

En 1959 Jaime Sabines obtuvo el Premio Literario que otorga el Gobierno del Estado de Chiapas; a éste le seguirían más de una decena de reconocimientos entre éstos el Premio Xavier Villaurrutia (1973), el Nacional de Ciencias y Artes (1983) y la Medalla Belisario Domínguez (1994).




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