Zacatecas, deslumbrante con su alma de cantera y corazón de plata

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Entre los cerros de La Bufa y El Grillo, Zacatecas aparece como un dije de plata, derramando su belleza por las faldas inclinadas de sus laderas, mostrando unas historias arquitectónicas y culturales únicas, que inician con su fundación en 1546, poco después de que se descubrieran los primeros yacimientos de ese metal que enriqueció durante tres siglos a la Corona española.

Los capitanes Juan de Tolosa, Cristóbal de Oñate, Baltasar de Bañuelos y Diego de Ibarra llegaron entonces para edificar la ciudad capital de un territorio que ya era rico por sus tradiciones anteriores a la conquista y colonización de la Nueva España, que se remontan a la aparición de las primeras tribus de indígenas zacatecos y chichimecas que poblaron esos territorios.

Zacatecas –deslumbrante, como dicen orgullosos sus pobladores ante su resurgimiento turístico en los tres primeros tres lustros del siglo XXI, ocupando un angosto valle entre colinas áridas e inclinadas–, hoy se distingue por sus edificios de cantera rosa, abundante en sus entornos, dándole un toque de distinción semejante al que tienen Taxco, Puebla, Querétaro, Morelia y Guanajuato, joyas del pasado novohispano.

En un viaje sin igual –en cinco horas por carretera, a 538 kilómetros de la Ciudad de México–, promovido por la Secretaría de Turismo estatal, bajo la guía culta y profunda de Federico Arellano, funcionario de la dependencia, conocimos esa urbe renovada, limpia, respetuosa de sus tradiciones y costumbres, con cinco pueblos mágicos -Nochistlán, Teúl, Jerez, Pinos y Sombrerete- figurando en el registro nacional de la Secretaría de Turismo (Sectur) federal.

Ni que decir de las bebidas y la gastronomía, que tienen al mezcal y el asado de boda como su insignia culinaria, distinguiéndose entre lo mejor de lo mejor de la comida mexicana acompañado de queso fresco de Fresnillo, como nos lo sirvieron en el restaurante La Leyenda, cercano al centro.

El Real de Minas de Nuestra Señora de los Zacatecas empezó a adquirir su actual grandeza cuando se encontraron las primeras vetas de plata en las inmediaciones de un sitio conocido como San Bernabé sin que –refirió nuestro guía–, comenzara su crecimiento y sin una traza urbana precisa.

Barrios indios y haciendas españolas poblaron el paisaje que en la actualidad ocupa la ciudad, y a ello se deben los intrincados callejones, las hermosas plazoletas realizadas originalmente para nivelar el terreno y la peculiar geografía urbana que tanto maravilla a propios y extraños.

Desde el primer momento de la visita tuvimos al Hotel Misión Argento como nuestro punto de partida, en el corazón de la ciudad –en lo que fue el edificio del antiguo Cine Ilusión–, para disfrutar de un ambiente que nos remontó a la época de los mineros del pasado remoto.

Después de instalarnos, atendidos con esmero por su director, Héctor Noriega, Armando Flores y Yasmín Guerrero, salimos a recorrer las calles en busca del reconocido restaurante “Acrópolis”, centro de reunión de las celebridades, un buen lugar donde se desayuna, se come y se cena como seguramente lo hacían los nobles plateros zacatecanos, emprendiendo después una caminata por el tradicional mercado González Ortega.

Su estructura de hierro forjado y amplios corredores interiores fueron construidos en 1889, donde, además de exquisitas muestras de gastronomía zacatecana como las que se sirven en el restaurante “El Paraíso” –sobre la avenida Hidalgo–, hallamos objetos de plata y artículos para charrería, actividad sobresaliente en el estado, entre otras cosas de enorme atractivo.

Más historia

Frente al mercado está el magnífico edificio del Teatro Calderón, con su fachada permanente y bellamente iluminada, de tres cuerpos de marcado estilo neoclásico, vecino de la Catedral, cuya construcción se inició hacia 1729, según las fuentes documentales, con una fachada considerada ejemplo supremo del estilo churrigueresco novohispano.

En el acceso lateral del templo están la Plaza de Armas y el Palacio de Gobierno, construido éste a principios del siglo XVIII, y en cuyo interior hay un patio delimitado por arcos de medio punto y una escalinata en la que se admira un mural que narra la historia del estado, realizado en 1970 por Antonio P. Rodríguez.

A un costado del Palacio de Gobierno se encuentra el Palacio de la Mala Noche, casona que data del siglo XVIII y en cuya fachada destacan sus balcones y ventanas labradas en cantera y, sobre la calle Hidalgo, un hermoso balcón ochavado, antigua propiedad de don José Manuel de Rétegui, rico minero del siglo XVIII.

El recorrido cultural nos lleva por el callejón de Veyna hasta el templo de Santo Domingo, levantado por los frailes dominicos entre 1746 y 1749, de fachada barroca, en cuyo interior se conservan diez retablos churriguerescos en madera dorada con bellas esculturas en madera estofada.

Aledaño a la parroquia de los dominicos encontramos el ex convento de San Francisco, construido en el siglo XVIII, abandonado después de 1861, reconstruido después, y que hoy alberga el museo de Rafael Coronel, con una colección de arte extraordinaria donada por el gran artista zacatecano, en la que sobresale la invaluable colección de más de mil máscaras provenientes de toda la nación mexicana.

También hay representaciones de diablos, viejos, chinelos, toritos y títeres que datan de los siglos XVIII y XIX, además de cerámica de diferentes culturas prehispánicas custodiadas dentro de  esa bella arquitectura conventual que conserva el aire de su pasado nostálgico.

Toca turno al museo de arte abstracto Manuel Felguérez –inaugurado en 1998 en el ex seminario diocesano dedicado a diferentes autores–, sobresaliendo la obra del mismo Felguérez, situada y adaptada gracias a un extraordinario trabajo museográfico de Miguel Ángel Guadarrama.

Escenario de la Revolución

Sin embargo, no hay nada igual que la frescura mañanera para conocer el cerro de La Bufa, y apreciar desde sus alturas la asombrosa e increíble panorámica de la ciudad, poniendo atención especial a la descripción de las estatuas ecuestres de Francisco Villa, Felipe Ángeles y Pánfilo Natera, personajes históricos, participantes en la toma de Zacatecas en junio de 1914.

En el museo de sitio –ubicado frente a la llamada Plaza de la Revolución, donde están las tres estatuas de bronce, y luego de su inauguración en 1984– se reunieron fotografías, periódicos, mapas, vestimentas, armas, billetes, monedas y un sinfín de objetos conmemorativos

En el lugar también se ubica la capilla de Nuestra Señora del Patrocinio, antigua ermita erigida en el siglo XVI, cuya fachada de cantera de estilo barroco se divide en dos cuerpos, así como el observatorio meteorológico que cuenta con aparatos de medición para determinar la situación climatológica de la región.

Un recorrido en el Turibus resulta óptimo para ver la Alameda, considerada uno de los jardines más representativos de la ciudad, construida a principios del siglo XIX, así como el museo Francisco Goitia, con un acervo pictórico que honra a los artistas zacatecanos que traspasaron las fronteras nacionales: Julio Ruelas, José Kuri Breña, Manuel Felguérez, Pedro y Rafael Coronel.

Al paso está el acueducto de El Cubo, construido a finales del siglo XVIII y principios del XIX para transportar el agua desde una mina, hasta llegar al jardín Independencia, y a donde estuvo plaza de toros de San Pedro, inaugurada el 15 de septiembre de 1886 y que hoy funciona como hotel.

Por la noche, en fin de semana, no hay que dejar de participar en la callejoneada, que recorre la parte histórica citadina al compás de la Marcha de Zacatecas del maestro Genaro Codina compuesta en 1896, y de otras melodías estruendosas tocadas a puro tamborazo zacatecano.

Para quienes deseen conocer la historia de Zacatecas es imprescindible ir en un trenecito eléctrico a las profundidades de la mina de plata El Edén, con un museo espeleológico en su interior, con don José M. Luna, ex minero de amplia experiencia.

Como guía, él explica a detalle las formas de extracción del mineral argentífero, basadas en el régimen de esclavitud al que estuvieron sujetos los indígenas que, para la nobleza de la Nueva España, representaba la mano de obra más barata, explotada así durante tres siglos.

Para disfrutar un día más en Zacatecas, hay que ir al Centro Platero ubicado en la ex hacienda de Guadalupe, ver y adquirir en sus locales verdaderas obras de arte en plata, al alcance de todos por sus diversos precios, y rematar esta fértil visita cultural en el ex convento de San Francisco, en ese municipio a diez kilómetros de la capital.

En él hay dos docenas de murales pintados por fray Ignacio de Berbén –adscrito al obispado de Guadalajara y a la cofradía Propaganda Fides de los franciscanos, que permiten apreciar y conocer aspectos cotidianos de la vida en el siglo XVIII–, así como una preciosa sillería de madera y un crucifijo en tamaño natural conservado durante más de doscientos años.

Y así, con el apoyo amable y sabio de Federico Arellano, y las atenciones del personal del Hotel Misión Argento, continuamos el recorrido por los sitios históricos más relevantes de la ciudad, a cargo del Instituto Zacatecano de Cultura, responsable de la vida intelectual y artística zacatecana.

Con un sentimiento de júbilo y la promesa de volver al término de la distancia, nos despedimos de todo lo que en los últimos años ha dado renombre y solera a esta ciudad histórica, que, a decir con toda razón de sus buenos ciudadanos nacidos en ella, tiene alma de cantera y corazón de plata.

Cómo llegar

Desde el norte de México por la carretera federal 45 desde Durango y La Laguna, y 54 desde Concepción del Oro, Zacatecas, y Saltillo, Coahuila. Desde el centro y sur del país y Ciudad de México, por las carreteras federales 45 y 71.Desde Aguascalientes 71, y 49 desde San Luis Potosí. Desde Guadalajara, por la carretera federal 54

Donde hospedarse: Hotel Misión Argento, Avenida Hidalgo 407, Centro Histórico, CP 98000, Zacatecas, Zac. Teléfono 01 (492) 925 1718.

Texto: Luis Alberto García

Fotos: Mayra Ramírez Nuño