Search

Palenque, puerta de entrada a la historia de los mayas

Chiapas ha sabido conservar el arraigo de sus tradiciones y costumbres heredadas de un pasado deslumbrante, reflejadas especialmente en puntos geográficos como Palenque, explica Diógenes Estrada Contreras, presidente de la Asociación de Hoteles y Moteles de esa extraordinaria y bella localidad del norte del estado, entrada a la selva, ubicada al sur de la fértil planicie de Tabasco.

Acompañado por Guadalupe Rizo y Jesús Gálvez Delgado, eficientes colaboradores, gentiles y atentos guías, Estrada estuvo al frente de la expedición realizada a las zonas arqueológicas más notables del sureste de México, entre otras Yaxchilán y Bonampak

De las referencias históricas dadas por Gálvez, una llamó la atención: “Cuando el arqueólogo mexicano Alberto Ruiz Lhuillier descubrió en 1952 la tumba del rey Pakal, uno de los más grandes gobernantes mayas de Palenque, ya se conocía la importancia que tenía el agua para esta portentosa civilización mesoamericana”.

Basta entrar a esos vestigios –a ocho kilómetros de la ciudad sumida en un verdor sorprendente– para percatarnos de que esa cultura se desenvolvió en medio de la frondosidad de la selva de aquella época, en la que ya se advertían enormes templos de lo que llegó a ser la capital prehispánica más poderosa de su tiempo.

Los cimientos de agua del Templo de las Inscripciones

Seis decenios después, Alberto Ruiz Lhuillier y Agustín Álvarez realizaron un hallazgo arqueológico que cambió para siempre su historia: un sistema de canales fluviales escondidos durante casi mil 500 años bajo tierra.

Paralelamente, al revelar el Templo de las Inscripciones, que guardó la tumba del rey Pakal y otros monumentos milenarios, el descubrimiento de los acueductos de Palenque, una de las zonas arqueológicas de mayor atractivo turístico de México, desmiente las hipótesis anteriores sobre el origen de su templo mayor.

“Se creía –refiere Gálvez Delgado– que el edificio de más de 20 metros de altura se había construido en ese punto para glorificar la tumba del más importantes y poderoso monarca, K’nich Janaab’ Pakal, quien gobernó desde el 615 hasta el 683 DC”.

Profundizando en los trabajos iniciados por Ruiz Lhuillier en 1952, los arqueólogos que prosiguieron esas investigaciones concluyeron que el templo se construyó exactamente en ese sitio, no para señalar los restos del monarca, sino porque había un manantial que corría por uno de los canales de agua descubiertos en Palenque.

La cámara funeraria de Pakal, al fondo del célebre monumento, la edificó el gobernante sobre el sistema hidráulico previo para identificarse con una deidad, puesto que  esas aguas representaban para él su camino hacia el inframundo, explica Diógenes Estrada, coincidiendo con  los investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quienes trabajan permanentemente en la zona.

Gálvez Delgado dice por su parte que la cosmogonía maya siempre asoció el agua con el origen y el fin de la vida y, en este caso, se está reforzando la importancia de esa tradición, apoyado en las investigaciones realizadas por la coordinación de los trabajos que hace esa institución.

Durante el recorrido por el museo de sitio aledaño a los vestigios –que lleva el nombre de Ruiz Lhuillier– el guía narró que, en 2015, los arqueólogos notaron que había algunas anomalías en el suelo durante sus exploraciones ordinarias con georradar.

Al excavar alrededor de dos metros bajo la cámara funeraria, encontraron un sistema de canales de aproximadamente quince metros de longitud los cuales, al momento de su descubrimiento, sin haberlos recorrido en su totalidad, el objetivo consistió en diseñar un robot capaz de hacerlo sin alterar el suelo ni la arquitectura del edificio.

Dados a conocer a mediados de julio de 2016, los arqueólogos trabajaron con mayor cuidado en los canales de agua descubiertos en Palenque, bajo la pronunciada escalinata del templo que conduce hasta la tumba real, cerrada a la fecha ante el deterioro causado en años recientes, a la cual se había colocado una reja sesenta años atrás.

La dirección del Proyecto Arqueológico Palenque informó que el acueducto fue construido en una labor casi imposible, con hileras de grandes piedras talladas y unidas unas a otras con piedra delgada y arcilla, en cortes cuadrados que tienen en el fondo un piso de piedra caliza que permite que el agua fluya de manera constante.

“Lo más interesante –dice– es que al momento de su reciente descubrimiento, aún circulaba agua por ese sistema hidráulico que muestra los conocimientos arquitectónicos y de ingeniería que poseían los mayas, como también se aprecia en los templos de la Cruz, del Sol, del Conde y en la torre del Palacio”.

“Su construcción y diseño –agrega el informe arqueológico– responde a la necesidad de drenar el agua de lluvia, proveniente de las terrazas del templo 24, ubicado al sur, o como una manera de controlar un arroyo subterráneo sobre el que fue edificada la tumba”.

En un escenario de misterio e incógnita, como ha ocurrido con el resto de otros grandes centros surgidos de la cultura maya, Palenque ya estaba abandonada cuando comenzó la conquista de México en 1519, pero siempre despertó el interés de los primeros visitantes: misioneros y exploradores, quienes veían con curiosidad y asombro tan recóndito lugar.

“Hoy es motivo de enorme interés no sólo por eso –complementa Guadalupe Rizo, orgullosa palencana– sino porque su ubicación, al norte de la gran selva de la Lacandonia chiapaneca, la convirtió con el tiempo en un paraje único que, cada año, atrae a científicos y a miles de visitantes de todo el mundo que, además, encuentran en la población inmejorables servicios de hospedaje y gastronomía.

Destacan los hoteles Misol Ha, Xibalbá y los restaurantes El huachinango feliz y el Bajlum, de Francisco e Hilda Álvarez, donde se sirve pavo en cacahuate, arrachera de venado, puerco de monte y flor de tepejilote, flan de yuca y otras delicias de la cocina originaria, preservadas, elaboradas y supervisadas por él y su esposa.

“Como en otras regiones del país, somos herederos de grandes y diferentes civilizaciones, y podemos decir que, como lo hizo mi padre, Agustín Álvarez, solamente se ha explorado un 2% de la gran urbe maya”, explica el propietario de Bajlum, para quien las condiciones climáticas y geográficas de la zona no permiten garantizar la conservación adecuada de los nuevos hallazgos.

Para arribar a esa tierra prodigiosa hay vuelos diarios, desde la ciudad de México hasta esa puerta de entrada a sitios que permiten hacer turismo de aventura, ecológico e histórico en Bonampak, Lacanjá, Montebello, Yaxchilán, Toniná, Agua Azul, El Chiflón, Pico de Oro o Las Guacamayas, ejercitar el rafting, la tirolesa y el canotaje en el Usumacinta, Lacantún y otros ríos que bañan un estado que produce el 60% del agua del país.

“La selva, el agua y la tierra nuestra merecen respeto, y a eso se debe que aún escondan muchísimos secretos”, coinciden en señalar los anfitriones al término de un viaje revelador que aún no concluye, sobre una cultura mística y profunda, que concilia el espíritu con uno mismo.

Informes:

Asociación de Hoteles y Moteles de Palenque A.C.

presidente.amhm.palenque@hotmail.com

lupitarizo@gmail.com

01 961 60 318 96

*Texto y fotos: Luis Alberto García